¿Dejo mi trabajo para opositar? Guía honesta
Es la pregunta que más miedo da formular en voz alta. La que se rumiara durante meses. La que genera conversaciones tensas con la pareja, con los padres, con uno mismo a las tres de la mañana.
¿Dejo el trabajo para opositar?
No hay una respuesta universal. Pero sí hay un marco para pensar con claridad, y eso es lo que vas a encontrar aquí. Sin romanticismos ni alarmismos. Solo criterios reales.
En resumen: Dejar el trabajo tiene sentido cuando llevas tiempo preparando, estás cerca del nivel de corte y tienes ahorros para 9-12 meses. Si acabas de empezar o no tienes colchón financiero, la respuesta casi siempre es no.
Por qué está decisión es tan difícil
Porque no es solo una decisión económica. Es una declaración de intenciones. Cuando dejas el trabajo para opositar, te estás diciendo a ti mismo —y al mundo— que vas en serio. Eso tiene un peso enorme.
También tiene un coste enorme si sale mal.
Por eso tanta gente pospone la decisión durante años, atrapada en el limbo de “ya lo miraré cuando tenga más ahorros” o “cuando esté más preparado”. Ese limbo tiene nombre: opositor eterno.
La decisión exige honestidad brutal sobre tres dimensiones: la financiera, la de preparación y la personal.
Dimensión 1: ¿Cuánto dinero necesitas?
Este es el cálculo que nadie quiere hacer, pero que determina todo lo demás.
Calcula tu “runway” mínimo
Tu runway es el tiempo que puedes vivir sin ingresos. Para calcularlo:
- Suma todos tus gastos fijos mensuales: alquiler/hipoteca, suministros, alimentación, transporte, seguros, préstamos, academia de oposiciones
- Multiplica por el número de meses que te quedan hasta el examen (más dos o tres de margen)
- Añade un 20% de colchón para imprevistos
Ejemplo concreto:
| Concepto | Importe mensual |
|---|---|
| Alquiler | 750 € |
| Suministros | 120 € |
| Alimentación | 350 € |
| Transporte | 80 € |
| Academia oposiciones | 150 € |
| Varios | 200 € |
| Total | 1.650 € |
Si te quedan 10 meses hasta el examen y añades 3 de margen: 13 meses × 1.650 € = 21.450 €. Con el 20% de colchón: 25.740 €.
Esa cifra es tu umbral mínimo de ahorro para plantearte dejar el trabajo.
Si no llegas, la respuesta es no. Al menos por ahora.
El coste de oportunidad que nadie cuenta
Dejar el trabajo no solo te cuesta los ingresos que dejas de ganar. También te cuesta cotizaciones a la Seguridad Social (que puedes suscribir voluntariamente, pero son caras), posibles ascensos o aumentos que quedarán pendientes, y el impacto en la pensión futura.
Usa la calculadora de ROI de oposiciones para ver si el salario de funcionario, a largo plazo, compensa ese coste de oportunidad. En muchos casos, sí compensa. En otros, menos de lo que se piensa.
Dimensión 2: ¿En qué punto de la preparación estás?
El dinero importa, pero no es el único factor. La fase de preparación en la que te encuentras cambia completamente el análisis.
Escenario A: Llevas menos de un año preparando
Dejar el trabajo en esta fase casi nunca tiene sentido. Las razones:
- Todavía no sabes si tienes madera de opositor (si eres disciplinado, si el temario se te da bien, si aguantarás la presión)
- El margen de mejora que obtienes estudiando más horas es grande, pero el riesgo de agotarte antes del examen también
- No tienes datos reales sobre tu nota de simulacros
Recomendación: Sigue compaginando trabajo y estudio al menos un año. Aprovecha madrugas, mediodías y fines de semana. El podcast de Red Opositor está diseñado exactamente para esto: repasar mientras vas en el metro, en el coche o en el gimnasio.
Escenario B: Llevas 1-2 años y estás cerca de la nota de corte
Aquí el análisis se complica. Tienes dos opciones:
Opción 1: Aguantar compaginando. Si la convocatoria es en 4-6 meses y tu trabajo no es especialmente demandante, puede que con un esfuerzo extra de horas baste.
Opción 2: El sprint final. Si en los últimos simulacros estás a 1-2 puntos de la nota de corte y el examen es en 3-4 meses, dejar el trabajo para ese sprint final puede marcar la diferencia. Es el caso con mejor ratio riesgo/beneficio para abandonar el empleo temporalmente.
Escenario C: Llevas más de 2 años y todavía no apruebas
Aquí hay que ser brutalmente honesto. Si llevas dos años preparando y no estás mejorando, más horas de estudio no son la solución. El problema suele ser de método, no de tiempo.
Antes de dejar el trabajo, pregúntate:
- ¿He cambiado de método o sigo haciendo lo mismo?
- ¿He consultado con un preparador qué me falta?
- ¿Mi progreso en simulacros es constante aunque lento, o estoy estancado?
Si la respuesta es “estoy estancado”, considera primero cambiar de método. Luego, si el método nuevo requiere más horas, valora el pasó.
Dimensión 3: ¿Cuál es tu situación personal?
El trabajo que tienes ahora
No todos los trabajos son iguales. Hay una diferencia enorme entre:
- Trabajo de alta intensidad cognitiva (comercial con objetivos, desarrollador en startup, directivo con reuniones constantes): al llegar a casa con el cerebro frito, estudiar eficientemente es muy difícil. Aquí el coste de compaginar es muy alto.
- Trabajo administrativo o de baja carga mental: llegas a casa con energía para estudiar. Compaginar es más viable.
- Trabajo con horario irregular o turnos: la falta de rutina destroza la preparación. Este es uno de los mejores motivos para plantearse el cambió.
La estabilidad de tu empleo actual
Si tu trabajo es precario —contrato temporal, situación incierta, empresa con problemas—, el cálculo cambia. En ese caso, dejar un empleo inseguro para apostar por una plaza fija tiene más sentido que abandonar un puesto indefinido y estable.
Tu entorno familiar
¿Tienes pareja que pueda asumir temporalmente el peso económico? ¿Tienes hijos cuya logística ya de por sí es compleja? ¿Vives de alquiler o en propiedad?
No hay respuestas correctas, pero sí consecuencias diferentes. Una decisión económica tomada en solitario que afecta a toda la familia sin consenso previo es una fuente de conflicto enorme. Si tienes pareja, está conversación debe hacerse juntos, con números encima de la mesa.
Los tres errores más comunes
Error 1: Dejar el trabajo demasiado pronto por entusiasmo
Acabas de descubrir que existe la plaza de Administrativo del Estado, te has apuntado a una academia y te has convencido de que en un año lo sacas. Dejas el trabajo.
El entusiasmo del principio no se sostiene. Sin presión económica ni rutina laboral, muchos opositores descubren que en casa no estudian tanto como creían. Seis meses después, han gastado el colchón y no están ni cerca de la nota de corte.
Error 2: No dejar el trabajo nunca por miedo
El caso opuesto. Llevas tres años compaginando, estás a un punto de la nota de corte, el examen es en seis meses y tienes ahorros suficientes. Pero no te atreves porque “qué pasa si no apruebo”.
El miedo al fracaso te mantiene en el limbo. La ironía es que no dejar el trabajo puede ser precisamente lo que te impida aprobar.
Error 3: No tener plan B
Antes de dejar el trabajo, define con claridad qué harás si no apruebas. ¿Cuántas convocatorias más intentarás? ¿En qué tipo de trabajo retomarías tu carrera? ¿Tienes el CV actualizado?
Tener un plan B no significa que no confíes en ti. Significa que eres realista, y esa actitud suele correlacionar con mejores resultados.
El caso de pedir excedencia en lugar de dimitir
Si tienes la opción, la excedencia voluntaria es mejor que la dimisión. En el sector privado, la excedencia voluntaria no está regulada como derecho (el empresario puede negarse), pero vale la pena pedirla.
En el sector público, la excedencia voluntaria es un derecho reconocido para funcionarios y personal laboral fijo con más de un año de antigüedad. Puedes solicitarla por un período de entre dos y cinco años (artículo 89 del TREBEP). El puesto queda reservado, aunque no el puesto concreto.
Si trabajas en el sector público y quieres opositar a otro cuerpo, la excedencia es casi siempre la opción correcta. No la desperdicies.
Checklist antes de tomar la decisión
Antes de dar el pasó, revisa esta lista:
- Tengo al menos 9 meses de gastos cubiertos con ahorros
- Llevo más de un año preparando y tengo datos reales de mi nivel
- En los últimos simulacros estoy dentro o cerca del percentil de aprobados
- He hablado con mi pareja/familia y hay consenso
- Tengo un plan B si no apruebo en la siguiente convocatoria
- He valorado la opción de excedencia antes que la dimisión
- Sé cuándo voy a parar si no obtengo resultado (límite claro)
Si puedes marcar todos los puntos, la decisión tiene fundamento. Si hay más de dos sin marcar, espera y sigue compaginando.
Lo que nadie te dice sobre estudiar a tiempo completo
Estudiar oposiciones a tiempo completo tiene ventajas obvias: más horas, más concentración, posibilidad de asistir a clases en horario de mañana. Pero tiene trampas que conviene conocer:
La procrastinación aumenta. Sin la estructura del trabajo, el día se hace largo y la disciplina cae. Muchos opositores a tiempo completo estudian menos horas efectivas que cuando trabajaban.
El aislamiento pasa factura. Pasar semanas enteras en casa o en la biblioteca, sin el contacto social del trabajo, genera un desgaste psicológico que puede acabar en burnout.
La presión económica puede ser paralizante. Saber que los ahorros se agotan puede generar ansiedad que interfiere con el estudio. A veces, tener un trabajo —aunque te quite horas— te da la tranquilidad mental de no estar quemando tu futuro.
Por eso el tiempo completo funciona mejor en sprints cortos (3-6 meses) que como estrategia de largo plazo.
Conclusión: la decisión es tuya, pero hazla con datos
Dejar el trabajo para opositar no es una decisión valiente ni cobarde. Es una decisión financiera y estratégica que puede ser muy inteligente o un error grave dependiendo de cuándo y cómo la tomes.
Los criterios son claros: ahorros suficientes, preparación avanzada, trabajo incompatible con el estudio, y un plan B definido. Si se dan esas condiciones, el sprint final a tiempo completo puede ser lo que marca la diferencia entre aprobar y seguir esperando.
Si no se dan esas condiciones, hay formas muy eficientes de avanzar sin dejar el trabajo. El podcast de Red Opositor te permite repasar el temario en los ratos muertos del día. No es un sustituto del estudio intensivo, pero puede acelerar mucho tu preparación sin que tengas que sacrificar tu estabilidad económica.
La pregunta no es si te atreves. La pregunta es si estás listo.
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